Reparaciones en la calle Martí…rio ¿en época de lluvia?
Las lluvias ya comenzaron en Guatemala. Este fenómeno natural, que puntualmente se marca en nuestros calendarios cada año, llega cargado no solo de agua, sino de problemas que podríamos prevenir si tuviéramos un poco más de cultura cívica y sentido común. Entre ellos, el más persistente y desbordado es, el tránsito. Un problema histórico, estructural, pero también profundamente humano.
Desde el 17 de mayo, la municipalidad capitalina inició las obras de reparación en la Calle Martí… rio, una de las arterias más transitadas del país. Más de 75 mil vehículos circulan a diario por este tramo. El proyecto, adjudicado por Q42 millones y programado para durar 14 meses, promete mejorar la seguridad vial, reducir accidentes y renovar una vía que ya presentaba fracturas y baches peligrosos. Las obras se harán en fases, tanto de día como de noche, y la comuna capitalina ya ha informado de algunas rutas alternas.
Pero hay un detalle que no puede pasar desapercibido: el momento elegido para iniciar la obra coincide, curiosamente, con la temporada de lluvias. Piensa mal y acertarás, reza el dicho. Y, tristemente, muchas veces así es. No se trata solo de una coincidencia desafortunada: es un patrón repetido año con año, donde los trabajos de reparación vial aparecen justo cuando llueve, cuando es más difícil evaluar la calidad de los materiales, y cuando la urgencia se convierte en excusa para evadir controles y acelerar contrataciones.
Uno no puede evitar sospechar. Porque ya conocemos el libreto: maquinaria que aparece de repente, calles cerradas, trabajos a medias, materiales de baja calidad o que se arruinan, y tramos que a las pocas semanas vuelven a estar igual o peor. En el fondo, todos lo sabemos —y en silencio lo aceptamos— hay “mano de mono” en estos negocios. Detrás de cada contrato suele esconderse un proveedor favorecido, un presupuesto inflado, una comisión bajo la mesa. Y lo más preocupante, una ciudadanía resignada.
Las cifras son claras y alarmantes. Durante el invierno, los accidentes de tránsito aumentan hasta en un 65%. Las causas se repiten año con año; pavimento mojado, imprudencia al volante, falta de señalización y, en muchos casos, mezcla de alcohol con conducción. Todo esto en un país donde hay tres motocicletas por cada automóvil y donde más del 50% de los accidentes diarios involucran a motoristas, con consecuencias que van desde lesiones graves hasta amputaciones y muertes. Y como si fuera poco, la emergencia hospitalaria colapsa, se suspenden cirugías programadas por cirugías de emergencia y se desgasta al personal médico.
El tránsito no es solo una competencia de las autoridades. Es también un reflejo de nuestra cultura cívica. No basta con exigir mejores calles si no somos capaces de respetar un semáforo en rojo, de ceder el paso a un peatón, de bajar la velocidad cuando llueve o de usar el casco como corresponde. El problema del tránsito somos todos… pero también puede ser nuestra solución.
El proyecto de Calle Martí…rio, como otros tantos que se emprenden en este país, nos ofrece una oportunidad para evaluar dos cosas; qué tanto planifican nuestras autoridades y qué tan dispuestos estamos nosotros a cambiar nuestros hábitos. Porque de poco servirá una vía nueva si la seguimos usando con la misma imprudencia, la misma intolerancia e indiferencia de siempre.
Es tiempo de transformar la queja en acción. De pasar del reclamo al compromiso. Las lluvias no las podemos evitar, pero sí podemos evitar muchas de sus consecuencias. El tránsito no mejorará solo con calles reparadas, sino con ciudadanos reparados. Y esa obra, aunque más invisible, debe comenzar de inmediato.
El problema no es solo de calles rotas. Es de cultura rota. Y la solución no vendrá únicamente con asfalto nuevo. Urge una visión sistémica: señalización clara, iluminación adecuada, agentes de tránsito capacitados y bien distribuidos, planes urbanos que piensen en el peatón, en el ciclista, en el usuario del transporte público. Pero, sobre todo, ciudadanos responsables.
Necesitamos un programa de educación vial serio y sostenido, que comience en casa, se fortalezca en la escuela y se refuerce en los centros laborales. Que no solo enseñe señales, sino que forme carácter cívico. Que promueva el respeto por la ley, la empatía en la vía y la conciencia de que todos compartimos el mismo espacio público. No basta con exigir pasos de cebra si no sabemos usarlos. No basta con pedir reductores si no entendemos que la velocidad mata. No basta con quejarse del tráfico si somos parte de él, y a veces, del caos con nuestras imprudencias.
El tránsito no mejorará solo con infraestructura. También requiere formación. No basta con castigar al infractor; hay que formar al ciudadano. No basta con tapar un bache; hay que sanar la cultura cívica. La lluvia no la podemos evitar, pero sí muchas de sus consecuencias. El tránsito no cambiará hasta que también cambiemos nosotros.
La reparación vial más urgente no está en el concreto, sino en la conciencia. Y esa obra también debe comenzar hoy.





